Durante años se ha repetido la recomendación de beber ocho vasos de agua al día, pero la realidad es que las necesidades de hidratación pueden variar mucho de una persona a otra.
Factores como la edad, el nivel de actividad física, el clima o incluso el tipo de alimentación influyen en la cantidad de agua que necesita el organismo. Por ejemplo, las personas que realizan ejercicio intenso o viven en zonas calurosas suelen necesitar más líquidos.
Además, no toda el agua que consumimos proviene de bebidas. Muchos alimentos, especialmente frutas y verduras, contienen una gran cantidad de agua. Productos como la sandía, el pepino, el tomate o la naranja pueden aportar una parte importante de la hidratación diaria.
Una forma sencilla de saber si estamos bien hidratados es prestar atención a las señales del cuerpo. La sed es un mecanismo natural que indica la necesidad de beber, y el color de la orina también puede ser una referencia útil.
En lugar de obsesionarse con una cifra concreta, los expertos suelen recomendar mantener una hidratación regular a lo largo del día, escuchar al cuerpo y priorizar el consumo de agua frente a bebidas azucaradas o ultraprocesadas.