Hay algo que ocurre todos los años cuando termina el verano.
Las vacaciones llegan a su fin, volvemos a la rutina y, casi sin darnos cuenta, empezamos a escuchar los mismos mensajes de siempre.
"Operación vuelta al cole."
"Pierde los kilos del verano."
"Empieza tu nueva dieta."
Septiembre se ha convertido en el nuevo enero. Un mes lleno de promesas, motivación y listas de buenos propósitos.
Pero déjame hacerte una pregunta.
¿Cuántas veces has empezado una dieta en septiembre?
Y otra aún más importante.
¿Cuántas de ellas seguías haciendo en diciembre?
El problema no es septiembre
Septiembre parece el momento perfecto para empezar.
Volvemos a tener horarios.
Retomamos la rutina.
Sentimos que es una oportunidad para "hacerlo bien".
Y esa motivación puede ser muy útil.
El problema aparece cuando creemos que cuidarnos significa volver a restringir alimentos, eliminar aquello que nos gusta o empezar una dieta que solo podremos mantener unas semanas.
Porque entonces la historia vuelve a repetirse.
La dieta termina. La vida no.
Piensa en todas las veces que has conseguido perder peso.
Seguramente alguna dieta te funcionó.
Al menos durante un tiempo.
Entonces, ¿por qué recuperaste esos hábitos anteriores?
Porque las dietas tienen fecha de inicio… y también de final.
La vida, en cambio, sigue.
Siguen las comidas familiares.
Los cumpleaños.
Las vacaciones.
Las cenas improvisadas.
Los días de estrés.
Si una forma de comer solo funciona cuando todo está bajo control, probablemente no sea una forma de comer que puedas mantener.
Este septiembre cambia el objetivo
En lugar de preguntarte:
"¿Cuántos kilos quiero perder?"
Hazte una pregunta diferente.
¿Qué hábito quiero mantener dentro de tres meses?
Quizá sea desayunar con más calma.
Preparar tus comidas con algo más de organización.
Caminar cada día.
Comer más despacio.
Dormir mejor.
Los hábitos no cambian tu vida de un día para otro.
Pero sí cambian la dirección en la que avanzas.
No necesitas empezar desde cero
Muchas personas viven septiembre como si todo lo que hicieron durante el verano hubiera desaparecido.
Pero la realidad es otra.
Aunque hayas disfrutado más de las comidas, hayas salido más a menudo o hayas hecho menos ejercicio, eso no significa que hayas perdido todo lo aprendido.
Cuidarte no consiste en hacerlo perfecto.
Consiste en volver a tu rutina sin culpa y sin necesidad de compensar.
Porque un verano no borra tus hábitos.
Del mismo modo que un día saludable tampoco cambia toda tu vida.
Lo importante siempre es lo que haces la mayor parte del tiempo.
Cambia la pregunta
Quizá este septiembre no necesites otra dieta.
Quizá necesites dejar de pensar que siempre tienes que empezar de nuevo.
Porque cuando construyes hábitos sostenibles, septiembre deja de ser un punto de partida.
Se convierte simplemente en un mes más.
Y esa sensación de tranquilidad vale mucho más que cualquier dieta de moda.
Si cada septiembre vuelves a prometerte que esta vez será diferente, quizá haya llegado el momento de dejar de buscar una dieta nueva.
En su lugar, busca una forma de cuidarte que también funcione cuando la motivación desaparezca.
Porque los resultados que duran no nacen de hacer más restricciones.
Nacen de crear hábitos que puedas mantener durante toda la vida.
En Método Dieta con Cabeza no empezamos una dieta cada septiembre.
Aprendemos a construir una forma de alimentarnos que siga funcionando en octubre, en Navidad, en verano y dentro de cinco años.